Consejos Dural's · experiencia de nuestros criadores
Sus polluelos han crecido, ya no necesitan la placa calefactora y empiezan a parecer verdaderas gallinas. Entonces surge una pregunta que muchos criadores descubren demasiado tarde: ¿cómo hacerlos entrar en el gallinero donde ya viven los adultos, sin que la cosa acabe en pelea? Las gallinas tienen una jerarquía estricta, y una llegada mal preparada puede herir a las más jóvenes o traumatizarlas de forma duradera. Esto es cómo proceder, paso a paso.
Las gallinas viven según un orden de precedencia: cada individuo sabe, dentro del grupo, quién tiene prioridad sobre la comida, el agua y los mejores lugares en la percha. Este orden se construye mediante enfrentamientos, a veces breves, a veces más duros. Un grupo ya establecido lo ha fijado desde hace tiempo y defiende ese territorio frente a cualquier recién llegada, sobre todo si es más pequeña y menos segura de sí misma. Colocar directamente a jóvenes gallinas en medio de adultas equivale a lanzarlas a una jerarquía ya fijada, sin darles tiempo de hacerse un lugar en ella. Es la causa más frecuente de las heridas observadas tras una introducción demasiado rápida.
La regla más sencilla de respetar: no introducir nunca gallinas que todavía necesiten una fuente de calor adicional. Mientras dependan de una fuente de calor, no tienen ni el tamaño ni la resistencia para defenderse en un grupo de adultas. La buena referencia es el emplumado completo, cuando el plumón ha dejado totalmente paso al plumaje definitivo y ya no necesitan la placa calefactora descrita en nuestro artículo sobre las primeras semanas de los pollitos. Antes de esa etapa, más vale tener paciencia, aunque la espera parezca larga.
Antes incluso de pensar en la convivencia, las jóvenes gallinas deben pasar por un período de observación apartadas del gallinero principal, en un espacio separado con su propio comedero y su propio bebedero. El objetivo no es preparar el encuentro, sino asegurarse de que no aparece ningún signo de enfermedad antes de acercar a los dos grupos. Un gallinero ya establecido representa una inversión de tiempo y cuidado: no es el momento de introducir en él un problema sanitario que podría haberse detectado a tiempo.
Una vez superado sin incidentes el período de observación, el siguiente paso consiste en colocar a las jóvenes gallinas en un cercado con malla dentro o junto al recorrido de las adultas, de manera que ambos grupos se vean y se oigan sin poder tocarse. Así las gallinas se acostumbran a la presencia de las recién llegadas antes de cualquier enfrentamiento directo. Esta etapa desactiva buena parte de las reacciones defensivas: el día en que el contacto tiene lugar de verdad, las adultas ya no descubren a desconocidas, sino a gallinas que ya les resultan familiares.
El momento elegido para el primer contacto cuenta casi tanto como la preparación. En pleno día, las gallinas están activas, alerta y dispuestas a defender su territorio. Por la noche, una vez que las adultas han subido a la percha y ya están tranquilas para dormir, su vigilancia baja claramente.
Cierta agitación en los primeros días es normal: las gallinas reajustan su jerarquía, y algunas persecuciones o picotazos forman parte del proceso. Lo que debe alertar es cuando estos gestos impiden de forma duradera que las jóvenes coman, beban o encuentren su lugar por la noche.
| Señal normal | Señal de alerta | |
|---|---|---|
| Persecución | Carrera breve sin contacto, la joven se aleja | Persecución repetida que le impide comer o beber |
| Picotazos | Picoteo breve en el lomo o la cabeza, sin herida | Herida visible, plumas arrancadas, sangre |
| Acceso a la comida | La joven espera su turno y luego come con normalidad | La joven es expulsada en cada intento de acercarse |
| Posición en la percha | Se mantiene aparte pero duerme con el grupo | Permanece aislada en el suelo, se niega a subir |
Cuando aparecen las señales de alerta, no sirve de nada dejar que la situación «se arregle sola»: el riesgo de heridas aumenta rápido. Lo primero que hay que hacer es añadir puntos de comida y agua en varios lugares del gallinero, para que una sola gallina no pueda monopolizar el acceso y dejar a las demás sin comer. Multiplicar los escondites y las perchas adicionales también ayuda a las más jóvenes a alejarse sin salir del espacio común. Si una gallina sigue siendo blanco continuo, es mejor apartarla de nuevo unos días y retomar la etapa de la separación visual, en vez de insistir en una convivencia que va mal.
Antes de llegar a ese punto, la salida de la criadora es en sí misma una etapa que preparar: nuestro artículo sobre las primeras semanas de los pollitos detalla lo que hay que resolver incluso antes de pensar en el gallinero de las adultas, y la guía de incubación recorre todo el proceso desde el huevo.